La Escudería

Ráfagas y uves

Archive for Junio, 2006

You’d better wash ya mouth!

norton.jpg¿Dónde era? Quién sabe, pero llovía, como era previsible, estando como estaba en algún lugar de Inglaterra. No llovía mucho, me decía a mí mismo desde el interior de la cafetería, con un té humeante sobre la mesa. Hoy tocaba avanzar, echar millas por delante a la busca de otro camping, cuando cayera la tarde. Venga, fuera perezas, a ponerse los plásticos, y a rular!

Supongo que habrás visto el museo, me preguntaba un peatón curioso que se acercó a saber de dónde venía. Un museo? De motos antiguas, como la tuya. Hombre, esta parece antigua, pero tiene dos años, pensé, pero no le corregí. Dónde, dónde?

Era el altillo de un garage, en un sitio idóneo para desaparecer y que nadie te encuentre jamás. Desde la escalera, antes de entrar, eché un vistazo a mi moto, que me esperaba con todos los paquetes pulpeados en torno a la parrilla, y con el faro mirando hacia un lado, como una mascota celosa.

matchless1.gifUna libra, no es mucho pedir por dejarte entrar a un pliegue en el tiempo. Era un local pequeño, y en el primer vistazo conté unas veinte motos. Las paredes parecían las de un santuario con exvotos: chapas y piezas de motor, cascos clásicos y posters de carreras locales, gafas y gorras a lo Marlon Brandon y miniaturas de motos. Una verdadera delicia.

Kike Brandon Salvaje.jpgCada moto, una historia. Y una lata recortada y colocada púlcramente debajo de los goteantes cárteres. Norton, Triumph, BSA, Royal Enfield, Ariel… Aquello era un reducto de la industria inglesa. Y en esas que se acerca el dueño, sorbiendo su taza de té. Era el típico Mr. Ropper, con una chaqueta de estar por casa un poco raída y con coderas cosidas, con un mostacho original de la II Guerra Mundial, teñido por la nicotina, y una mirada indolente, como la del que está acostumbrado a recibir halagos y críticas por igual.

- Bonita colección. No veo Indians…

Y con una cara de desprecio indescriptible, casi me escupió:

- You’d better wash ya mouth!

Desde luego, ¡a quién se le ocurre preguntar por una máquina americana en semejante sitio! Más tarde se relajó y me explicó que siempre ha habido clases, y todo eso… En las confesiones, no me atreví a decirle que mi moto era japonesa, no fuera a ser que me echara a patadas; sí comenté que me encantan las clásicas, pero que no soy mecánico, y tengo la manía de rodar más de cien kilómetros sin tener que buscar un taller. Me dio la razón, esto no es para aficionados…

Ahí me habría quedado, pero me quedaban todavía muchos kilómetros por recorrer. Un último vistazo, una despedida rápida, ¡y a rodar!

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