Archive for Septiembre, 2006
El truco del tunning
Nos pasa Pisagüevos esta curiosidad. Así ya se puede…

“Si os adelanta un pirado de estos que sepais que puede ser que lleve…..
El oxido nitroso y el tuning
Puesto de moda durante gracias al cine, el oxido nitroso es un elemento muy
especial a la hora de tunear un coche y demostrar que se puede ser el más
rápido o, por lo menos, el más preparado.
Lo cierto es que este elemento tan particular del mundo del tuning, usado
hasta la saciedad en películas como “The fast & the furious” o “Mad Max”,
tiene su origen en la II Guerra Mundial, donde fue utilizado por los
aviones aliados. Posteriormente, se utilizaron en el mundo de la
competición, aunque casi siempre de forma ilegal, por lo cual estos
sistemas para aumentar la potencia de los coches permanecieron durante
mucho tiempo en el olvido. Mas, en la década de los setenta, los ingenieros
Mike Termos y Dale Vaznaian formaron la compañía Nitorus Oxide Systems Inc.
consiguieron perfeccionar el sistema y rentabilizar sus aplicaciones en los
motores de altas prestaciones.
La base de este sistema singular sistema de impulsión es el oxido nitroso,
compuesto por una parte de oxígeno y dos de nitrógeno. Al aplicarlo en el
motor durante la combustión, a una temperatura de 300º centígrados, el
oxido nitroso se divide en sus dos componentes. Por un lado, el oxígeno
permite que se queme más combustible, aumentando la potencia del motor. Por
otro, el nitrógeno funciona como amortiguador en los cilindros, controlando
la combustión y bajando la temperatura entre 15 y 25º centígrados.
Los actuales kits de oxido nitroso que existen en el mercado, alejados de
la competición, están adaptados a los combustibles habituales, para no
ocasionar daños en el motor, y permiten que el conductor lo aplique a
voluntad, aunque para los poco experimentados existe la posibilidad de
instalar el pulsador conectado al acelerador, de tal modo que se inyecta
oxido nitroso en el motorautomáticamente, según se pisa a fondo el pedal.
De hecho, una de las condiciones requeridas para utilizar este sistema es
que el motor supere las 2.500 revoluciones por minuto (rpm), pues, en caso
contrario, las escasas cantidades de oxígeno y combustible existente en los
pistones pueden provocar la detonación del motor.
De igual forma, el sistema debe ser accionado cuando el coche circula en
cuarta o quinta marcha. En caso contrario, se somete a todo a la
transmisión a un sobreesfuerzo inadecuado. Otra recomendación es esperar
unos quince segundo entre cada inyección de oxido nitroso para que el motor
recupere su mezcla habitual.
Al accionar el sistema, se logra una brusca aceleración, hasta el punto que
se observa como la aguja del cuenta revoluciones avanza rápidamente hacia
el corte de encendido. En cifras, un motor de cuatro cilindros puede
obtener ganancias de entre cuarenta y sesenta caballos, mientras que
propulsores de seis cilindros pueden alcanzar entre 75 y 100 caballos, sin
necesidad de hacer ningún tipo de modificación.”
El sexto sentido y la madre de la ciencia
Por Josep M. López Besora, publicado en Solo Moto 30 nº 280, Junio 2006.
“La madre de la ciencia es la experiencia.
A todos los moteros nos han dicho cien veces que la carrocería somos nosotros, ¡como si no lo supiéramos! Somos perfectamente conscientes de que cualquier culpa propia o ajena la pagamos dolorosamente nosotros, así que tenemos el máximo interés en evitar que nos ocurra cualquier percance
Bueno, casi siempre. Hay que reconocer que quien más y quien menos ha sentido alguna vez esa euforia, ese cosquilleo, ese pensar inconscientemente que ese día no le iba a pasar nada… y ha arriesgado más de la cuenta. Los resultados suelen limitarse a un subidón de adrenalina y pulsaciones, pero si se persiste en llevar el cántaro a la fuente, tarde o temprano la cosa se convierte en susto (doble ración de adrenalina y pulsaciones) o en accidente.
La experiencia, en forma de sustos y/o accidentes sufridos por uno o por amigos, enseña. Más que cien artículos catastrofistas. “Eso que hizo el chalado ese del periódico nunca se me ocurriría a mí”, pensamos a menudo, con mayor o menor razón.
No sé a los demás, pero a mí me resulta agotador conducir muy rápido poniendo toda la atención consciente en la conducción, supongo que a los demás también, porque los conductores inexpertos suelen quedar derrengados después de 100 km conduciendo con los cinco sentidos. Eso es que les falta el sexto.
Lo mejor que tiene la experiencia es el desarrollo de ese sexto sentido motero. No se trata de ir despreocupadamente sin prestar atención a lo que nos envuelve, sino de que de eso se ocupe el incosciente. Y el inconsciente es esa parte del cerebro que sabe hacer algunas cosas sin esfuerzo, y a menudo mejor que el consciente, cosas como firmar, bajar escaleras, mantener el régimen óptimo de un motor o la rutina de poner y quitar el/los antirrobo/s.
Pero hay que educarlo. El sexto sentido se limita a hacer por su cuenta aquello que primero hemos hecho muchas veces conscientemente. Aquí entra la experiencia como encargada de ir incorporándoles rutinas de, digamos, seguridad preventiva en la conducción.
Por mencionar unas cuantas. El sexto sentido está alerta de los movimientos laterales de los coches y aprende a interpretar cuando ese quiere girar a la izquierda, aunque no se haya molestado en poner el intermitente. Y sabe que esa zona más verde que vamos a atravesar es una candidata a tener placas de hielo. Y que los camiones y sus pérdidas de gasoil o aceite suelen estar en la parte de fuera de las rotondas. Y que si tú tienes una visibilidad perfecta porque es verano y tienes el sol a la espalda, entonces los que vienen de cara no ven nada, cegados por el sol sobre sus sucios parabrisas. Y que a final del verano, si hay viñas, hay tractores vendimiando. Y que si llovió anteayer, hay pegotes de barro o arena en sitios inesperados. Y que detrás de un coche deportivo vemos lo mismo que él, pero detrás de una furgoneta, monovolumen o camión, no vemos nada más que a él. Y que el taxista de vacío está mirando la acera, buscando clientes. Y que siempre habrá quien se salte un semáforo, chocando con el primero (una moto) que arrancó cuando el suyo se puso en verde.. Y un “más” interminable…
El sexto sentido está muy bien, pero hay que educarlo y cuidarlo. Cuando se conduce no hay que abstraerse y dejarle toda la tarea a él. Hay que conducir poniendo toda la atención en algunas de estas cosas, para que no se nos deteriore, y en las particulares de cada situación.
Por mucha experiencia y mucho sexto sentido que se tenga, ir en moto pensando en las musarañas o preocupaciones es mal asunto. O, al menos, esa es mi experiencia.”
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