El sexto sentido y la madre de la ciencia
Por Josep M. López Besora, publicado en Solo Moto 30 nº 280, Junio 2006.
“La madre de la ciencia es la experiencia.
A todos los moteros nos han dicho cien veces que la carrocería somos nosotros, ¡como si no lo supiéramos! Somos perfectamente conscientes de que cualquier culpa propia o ajena la pagamos dolorosamente nosotros, así que tenemos el máximo interés en evitar que nos ocurra cualquier percance
Bueno, casi siempre. Hay que reconocer que quien más y quien menos ha sentido alguna vez esa euforia, ese cosquilleo, ese pensar inconscientemente que ese día no le iba a pasar nada… y ha arriesgado más de la cuenta. Los resultados suelen limitarse a un subidón de adrenalina y pulsaciones, pero si se persiste en llevar el cántaro a la fuente, tarde o temprano la cosa se convierte en susto (doble ración de adrenalina y pulsaciones) o en accidente.
La experiencia, en forma de sustos y/o accidentes sufridos por uno o por amigos, enseña. Más que cien artículos catastrofistas. “Eso que hizo el chalado ese del periódico nunca se me ocurriría a mí”, pensamos a menudo, con mayor o menor razón.
No sé a los demás, pero a mí me resulta agotador conducir muy rápido poniendo toda la atención consciente en la conducción, supongo que a los demás también, porque los conductores inexpertos suelen quedar derrengados después de 100 km conduciendo con los cinco sentidos. Eso es que les falta el sexto.
Lo mejor que tiene la experiencia es el desarrollo de ese sexto sentido motero. No se trata de ir despreocupadamente sin prestar atención a lo que nos envuelve, sino de que de eso se ocupe el incosciente. Y el inconsciente es esa parte del cerebro que sabe hacer algunas cosas sin esfuerzo, y a menudo mejor que el consciente, cosas como firmar, bajar escaleras, mantener el régimen óptimo de un motor o la rutina de poner y quitar el/los antirrobo/s.
Pero hay que educarlo. El sexto sentido se limita a hacer por su cuenta aquello que primero hemos hecho muchas veces conscientemente. Aquí entra la experiencia como encargada de ir incorporándoles rutinas de, digamos, seguridad preventiva en la conducción.
Por mencionar unas cuantas. El sexto sentido está alerta de los movimientos laterales de los coches y aprende a interpretar cuando ese quiere girar a la izquierda, aunque no se haya molestado en poner el intermitente. Y sabe que esa zona más verde que vamos a atravesar es una candidata a tener placas de hielo. Y que los camiones y sus pérdidas de gasoil o aceite suelen estar en la parte de fuera de las rotondas. Y que si tú tienes una visibilidad perfecta porque es verano y tienes el sol a la espalda, entonces los que vienen de cara no ven nada, cegados por el sol sobre sus sucios parabrisas. Y que a final del verano, si hay viñas, hay tractores vendimiando. Y que si llovió anteayer, hay pegotes de barro o arena en sitios inesperados. Y que detrás de un coche deportivo vemos lo mismo que él, pero detrás de una furgoneta, monovolumen o camión, no vemos nada más que a él. Y que el taxista de vacío está mirando la acera, buscando clientes. Y que siempre habrá quien se salte un semáforo, chocando con el primero (una moto) que arrancó cuando el suyo se puso en verde.. Y un “más” interminable…
El sexto sentido está muy bien, pero hay que educarlo y cuidarlo. Cuando se conduce no hay que abstraerse y dejarle toda la tarea a él. Hay que conducir poniendo toda la atención en algunas de estas cosas, para que no se nos deteriore, y en las particulares de cada situación.
Por mucha experiencia y mucho sexto sentido que se tenga, ir en moto pensando en las musarañas o preocupaciones es mal asunto. O, al menos, esa es mi experiencia.”
1 Comment so far
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sabias, MUY sabias palabras.
me ha encantado.
gracias