Archive for the 'Viajes' Category
Está decidido, ¡me voy de Grandes Rutas!
Sí, en cuanto tenga oportunidad, me pongo en carretera. Calculo que para hacer un viaje de un mes sobre la moto, estaré en condiciones dentro de unos 12 años. Sí, has leído bien, doce años que son los que faltan como para que en casa no me necesiten tanto…
De todas maneras, estaremos de acuerdo en que una de las cosas que molan mucho de los viajes es la preparación. Documentarse, comprar mapas con detalles, averiguar hoteles o campings, repasar si las alforjas están en buenas condiciones, saber si hay 220 v. en los países que visitarás, comprobar el tiempo que puede hacer, la temperatura… Y listas, muchas listas. Cosas que comprar, cosas que llevar, sitios que visitar, direcciones para enviar postales, herramientas para la moto…
Así que tengo doce años para disfrutar a tope. Jo, qué moral!!
Tengo en mente ir a recorrer la Ruta 66. Ya, un poco típico. Pero también es típico ir a La Meca si eres musulmán, y no se me ocurre nada más parecido. Como no soy Harleyro, no me siento en la obligación de ir a Milwaukee…!
Empezaré por curiosear en foros. Algo he leído ya sobre la Interestatal 40, que se está comiendo gran parte de la R66, a ver si queda lo suficiente. Supongo que será un rollo al estilo de lo que se explica en la peli de Disney CARS, aquello de la modernidad que acaba con el encanto de lo clásico… No sé, tampoco me voy a cegar con el destino. Europa está también repleta de sitios para visitar. Y lo que mola es el camino.
¿Tienes algún comentario sobre la R66? Dime cosas.
Este fin de semana he visto muchos “muertos”
Si amigos, como cada primavera-verano, intento dentro de lo que se puede, hacer alguna salidita…Este fin de semana he vuelto a faltar una noche a mi dulce hogar(con permiso de mi señora esposa-no os vayais a creer nada raro-).
Esta vez el viajecito ha sido al camping de Morillo de Tou, que carreteras tan maravillosas y que parajes tan increibles, me encanta ese entorno para disfrutar de mi moto y divertirme conduciendo, aunque la falta de costumbre de moto hace que mi culo me engañe haciendome creer que he hecho 500km en vez de 175km (+ o -), mi compañero de viaje era Oscar, brevemente conocido como “Oscar Transalp”-Pachi creo que lo conoce, los demas no lo se, pero no ha salido con nosotros a ningun almuerzo-, ahora Oscar monta una flamante y modernisima Suzuki VStorm 650, con 1 mes y 1/2 de antiguedad…
LLegada al camping.
18h- Una flamante recepcionista nos atiende muy amablemente y ademas nos deja entrar las motos sin cobrar-buen detalle-, montamos nuestras tiendas y seguidamente procedemos al ritual de limpiar los “muertos”, miles de insectos voladores de todo tipo incrustados en nuestra moto, casco y ropa…¿como es posible que un bicho se haya estampado en mi llanta delantera?, pues asi es, parece que estuviera esperando el momento de meter el cuerpecillo como un niño cuando se encuentra una puerta giratoria de esas que tienen en algun hotel…en fin en todo caso no lo tenia dificil en una llanta de 19″.
Todo lo demas transcurrio entre Ainsa y Plan(el de los autobuses de mujeres).
Estupendo viaje sin novedad.
3 commentsYou’d better wash ya mouth!
¿Dónde era? Quién sabe, pero llovía, como era previsible, estando como estaba en algún lugar de Inglaterra. No llovía mucho, me decía a mí mismo desde el interior de la cafetería, con un té humeante sobre la mesa. Hoy tocaba avanzar, echar millas por delante a la busca de otro camping, cuando cayera la tarde. Venga, fuera perezas, a ponerse los plásticos, y a rular!
Supongo que habrás visto el museo, me preguntaba un peatón curioso que se acercó a saber de dónde venía. Un museo? De motos antiguas, como la tuya. Hombre, esta parece antigua, pero tiene dos años, pensé, pero no le corregí. Dónde, dónde?
Era el altillo de un garage, en un sitio idóneo para desaparecer y que nadie te encuentre jamás. Desde la escalera, antes de entrar, eché un vistazo a mi moto, que me esperaba con todos los paquetes pulpeados en torno a la parrilla, y con el faro mirando hacia un lado, como una mascota celosa.
Una libra, no es mucho pedir por dejarte entrar a un pliegue en el tiempo. Era un local pequeño, y en el primer vistazo conté unas veinte motos. Las paredes parecían las de un santuario con exvotos: chapas y piezas de motor, cascos clásicos y posters de carreras locales, gafas y gorras a lo Marlon Brandon y miniaturas de motos. Una verdadera delicia.
Cada moto, una historia. Y una lata recortada y colocada púlcramente debajo de los goteantes cárteres. Norton, Triumph, BSA, Royal Enfield, Ariel… Aquello era un reducto de la industria inglesa. Y en esas que se acerca el dueño, sorbiendo su taza de té. Era el típico Mr. Ropper, con una chaqueta de estar por casa un poco raída y con coderas cosidas, con un mostacho original de la II Guerra Mundial, teñido por la nicotina, y una mirada indolente, como la del que está acostumbrado a recibir halagos y críticas por igual.
- Bonita colección. No veo Indians…
Y con una cara de desprecio indescriptible, casi me escupió:
- You’d better wash ya mouth!
Desde luego, ¡a quién se le ocurre preguntar por una máquina americana en semejante sitio! Más tarde se relajó y me explicó que siempre ha habido clases, y todo eso… En las confesiones, no me atreví a decirle que mi moto era japonesa, no fuera a ser que me echara a patadas; sí comenté que me encantan las clásicas, pero que no soy mecánico, y tengo la manía de rodar más de cien kilómetros sin tener que buscar un taller. Me dio la razón, esto no es para aficionados…
Ahí me habría quedado, pero me quedaban todavía muchos kilómetros por recorrer. Un último vistazo, una despedida rápida, ¡y a rodar!
No commentsLo que veo desde la moto…

Cuando paro en una gasolinera a repostar, si llevo mucho rato al manillar, se pone ante mis ojos un filtro que me hace ver las cosas como en las películas antiguas.
Mientras lo veo aproximarse, descubro que el gasolinero lleva una gorra blanca, algo rozada, mal puesta sobre la coronilla, con la visera apuntando al Norte magnético, y que luce en la camiseta los restos de lo que antes fue el logo de una marca de gasolina, y ahora es sólo un borrón. Sus manos, curtidas por la salsa de los surtidores, buscan inútilmente limpiarse en un trapo que cuelga del bolsillo trasero de un mono azul de trabajo demasiado grande, con tirantes. Hace calor, y el hombre no hace ni la mención de un saludo. Va directamente al trabajo, ¿lleno?, y se pone a cargar.
Como si despertara de la siesta, a medio depósito parece descubrirme al otro lado de la moto. Mueve el palillo en su boca. ¿No hace mucho calor para llevar esa chaqueta de cuero, chaval? Bueno, es la forma más divertida de pasar calor que conozco… Sonríe y sigue a lo suyo.
Me lo pienso, y al final me decido, a ver éste qué tal.
¿Es usted feliz?
La cara del hombre es, por lo menos, de sorpresa, comprensiblemente de desconfianza. Clava unos ojos agrios en los míos, buscando la burla en ellos. Llegados a este punto, normalmente hacen como que no han oído nada, y no vuelven a abrir la boca, apenas para cobrarme, incómodos, no viendo el momento de que me vaya.
Pero a veces, al no encontrar broma en mi mirada, se lanzan. Y abren, como aliviados de poder hablar, un pequeño hueco en la coraza, expuestos ante un extraño cordial, dejando entrever parte de sí mismos. Y hablan de sus chicos, o de la mujer, o de los interminables días viendo pasar coches rumbo a donde ellos mismos nunca llegarán… Los que hablan, los que cuentan, confiesan con una mezcla de orgullo y pudor que sí, qué coño, que son felices, dentro de lo que cabe.
El depósito rebosa, vaya, ahora lo limpiamos.
Desde el otro lado del escaparate de la vieja gasolinera, noto que el hombre me observa ponerme el casco, subir despacio sobre mi moto en marcha, meter primera y alejarme para no volver a verme nunca más.
(Relato robado sin permiso a Michel)
No commentsDe cuando me di el piro a Valencia
Una buena tarde de invierno decidí aprovechar mi semana de vacaciones del año anterior para hacer una ruta motera y aprovechar para ver a un buen amigo en Valencia.
Ante la amenaza de perder mis preciadas vacaciones me plantee a mi mismo ir a Bareclona a ver a un amigo para luego bajar por la costa hasta Valencia. Desgraciadamente Fernando, el de barna, se iba de viaje de incentvos con la empresa a … República Dominicana… y claro mi visita - aunque esperada- digamos que pasó a un segundo plano
Por cierto, he de decir que a estas mini vacaciones no fui solo por un afan de individualismo exhacerbado o así, he de decir que Kike- aunque entusiasmado con el plan- se rajó por falta de quorum en su casa.
Aunque los 1000 kms. que recorrí fueron una autentica pasada, hay tres imágenes que marcaron el viaje:
Bueno, que no puede poner las fotos, me voy a enterar y las cuelgo porque valen la pena
Alejandro
1 commentRáfagas a la inglesa??
Sabed los que (todavía) no sois moteros, que existe una costumbre muy molona en este mundillo que consiste en saludar a otras motos con las que te cruzas en ruta. No me olvidaré de la ilusión que me hicieron esos primeros cruces, recién comprada la Virago. ¿Saludo yo? ¿Saludará él? ¿No es un “él”, es una “ella”? ¿Pasarán de mí porque la tengo pequeña (la moto)?
¡¡Me han saludado!! ¡¡Soy un motero!!
Qué guay! A partir de entonces, me fijaba en cómo saludaban los demás, y me esforzaba por devolver (o anticipar) un saludo que resultara muy P R O F E S I O N A L!! Hay varias modalidades.
Ráfagas
Un par de ellas, por lo general. He observado que se utiliza principalmente entre los meses de noviembre y febrero… ¡Cualquiera saca el bracito, con la que está cayendo! Así que te marcas unos destellos, y solucionado.
Tiene el inconveniente de que te líes con los mandos, como me pasaba al principio, y se te queden las largas puestas. Eso dejaba de ser un saludo, para pasar a ser una advertencia policial: ¡ojo, madero a la vista! Vaya lío, mejor saludo con la mano…
Uves
Posiblemente el más popular. A mí, particularmente, me parece el más cálido. Esperas a una distancia prudencial, y pones el conejito de la suerte con los índice y corazón de la mano izquierda, la más cercana al otro carril, y así no dejas de acelerar.
Al principio, no tenía bien cogida la distancia. Si esperaba mucho, luego me pasaba que no le dejaba tiempo al otro para devolver la uve, con lo que me quedaba con una sensación de tolili y de frustrao.
Alguna vez me ocurrió lo contrario, que ya cien metros antes de cruzarnos se me disparaba la mano, y más parecía que estaba haciendo auto-stop. ¡No acertaré?
También había que medir el entusiasmo, que en mis primeras uves, entusiasmado, daba la impresión de que quería que se detuviesen.
En fin, parece sencillo, pero tiene su cosa. Ahora ya lo hago casi despreocupadamente, fingiendo normalidad, como todo el mundo. Pero cuando me devuelve el saludo un entusiasmado, que suele ir de paquete, pienso que mejor sigo disfrutando de esa bella costumbre a pleno pulmón (salvo que me cruce con toda la afición que vuelve de Jerez…!).
A ti sí, a ti no
Me dicen que por la zona de Cataluña, a las motos custom no las saludan el resto de familias. No he rodado mucho por ahí, pero espero que no sea cierto, qué lástima que por unos pocos que cardan la lana a los otros nos pique el cuello (ein?).
¿Y en Francia? Cuando crucé la frontera por primera vez, observé si los franceses también saludaban. Et bien sure!! Claro que sí, aunque ahora que lo pienso, quizá sea porque no se ve la matrícula española hasta que les das la espalda… No, Keito, mejor confiemos en que la hermandad motera une las culturas…
¿Quién dijo que los ingleses son educados?

Pero claro, al llegar a Inglaterra, me quedé un poco parado, por dos motivos. El primero, por supervivencia. Coño, qué difícil es eso de conducir por la izquierda, mira que son raros… Y ojito con confundirte de dirección…¡en moto! Alguna pitada me llevé. El segundo es porque veía que no me devolvían el saludo, estos hijos de la Gran Bretaña!! Y con lo que me cuesta retirar la mano del acelerador… Ah, claro, por eso no saludan, porque ahora la mano más cercana al otro carril es la derecha!
Varios días más tarde me dí cuenta de que por supuesto te desean buena ruta, sólo que de distinta manera. Unos estiran la pierna derecha, sacándola del estribo (que es lo que se hace aquí cuando adelantas a alguien -creo, porque a mí me adelanta todo el mundo…). Resulta un poco perruno, en cualquier caso. Otros, los más, y he de decir que me resulta mucho más gentleman, inclinan la cabeza con una sutil reverencia hacia el otro motero. Por eso no me había percatado, otros países, otras costumbres. En Irlanda, como es lógico, tienen el mismo hábito.
También desde el coche
En mis viajes en coche también saludo con una discreta uve a los motoristas con los que me cruzo, y digo en alto (si no voy con mi jefe en el coche, claro), “¡qué envidia más cochina!” Lo cierto es que no me suelen devolver el saludo casi nunca, porque los coches son para las motos más una amenaza que un posible amigo.
Así que ya sabéis, cuando nos crucemos, ¡¡UNAS RÁFAGAS Y UNAS UVES!!